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¿Dónde está mi escritorio?

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Ya voy teniendo experiencia sobre el clowd computing. Dropbox, Owncloud, Onedrive, GoogleDrive, iCloud… además de todas las aplicaciones imaginables para dispositivos móviles. Hay un universo de opciones que rondan nuestros dispositivos y cada uno tiene su aquel. Utilizo Dropbox para mis cosas personales; Owncloud para el trabajo, GoogleDrive para compartir con otros, iCloud para hacer experimentos… hasta hace unos días.

Y es que tenía pendiente completar un proceso de análisis y reflexión sobre dónde está mi escritorio, sobre dónde tiene que estar mi área de trabajo. Porque hasta ahora mi área de trabajo se componía de todas esas nubes que he citado, a lo que hay que sumar el escritorio del iMac de casa, el del iMac del trabajo, el del portátil, el del iPad y la pantalla del móvil. ¡ESTO ES UN JALEO!

Puede parecer sofisticación, puede parecer postureo, puede parecer indecisión… puede parecer cualquier cosa, pero lo cierto es que llega un momento en el que hay que tomar una decisión. Y yo la he tomado. La decisión ha sido comprar una licencia de Office 365. ¿Qué quiero conseguir con esto? Pues una cosa bien importante: descomplicar mi madeja digital. Simplificar las cosas, quedarme a una carta. No tener que hacer cosas confundiéndome de nube. Creo que las cosas ya son suficientemente complicadas en la vida como para andar jugando a todos los juegos. Aun así, conservo todas mis nubes con cosas de poca importancia porque tampoco las quiero perder.

Toda esta aventura que he hecho en los últimos días me lleva a profundizar en mi reflexión inicial. ¿Dónde está mi escritorio? ¿Dónde tiene que estar? Inicialmente respondería que está en mi portátil, que es quien viene conmigo a todas partes. Pero claro, el móvil y el iPad también vienen… pero utilizar el portátil no resuelve el gran problema: la sincronización. Porque luego quiero llegar a casa o al trabajo y encontrar la última versión de todo.

He visto una respuesta clara: mi escritorio tiene que estar en el sitio en el que me quiera poner a trabajar, a escribir, a leer, a ver fotos, o simplemente a monear. He pensado que tenerlo fácil será bueno para mi.

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Tenemos miedo

Cada vez que Apple presenta un producto, aparecen como setas en la web cientos de miles de revisiones, unboxing, tutoriales… el caldo de cultivo perfecto para las leyendas urbanas y la viralidad de quien quiere aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Calabazas Creek por Cupertino. También proliferan comparativas no ya solo con otras marcas, sino con modelos anteriores del mismo producto. Reconozco que me encantan esas fotos donde aparece la evolución del diseño del iMac, de los MacPro, de los iPod e iPad… y por supuesto de los iPhone. Son una estupenda manera de evocar tiempos pasados y de recordar cómo es posible que hace tantos años me encantara mi iPaq 6515 que Dios tenga en su gloria.

Con esta falsa nostalgia quiero reflexionar sobre lo poco que importa el aparato en cuestión (hardware y software) si no sirve para gestionar unos contenidos. A eso me está ayudando la nueva pantalla del iPhone 6 plus: a hacer lo mismo para lo que servían aquellas viejas pda y lo mismo que un iPad, que un ultrabook, que un netbook, que un portátil, o que un iMac 5K. Reconozcámoslo: todos estos cacharros se han inventado para que en cualquier situación de la vida tengamos a mano más información y con ella produzcamos nuevos contenidos. Y relacionarnos. Pero no importa desde qué dispositivo envío un tweet, publico este artículo o felicito el cumpleaños a mi suegra. Lo importante es qué digo en ese tweet, qué aporto con estas líneas y lo bien que he quedado con la madre de mi Santa.

El contenido debe ser lo más importante

En lo educativo, la prioridad debe ser enseñar a crear, gestionar, clasificar y discriminar el torrente de contenidos que inundan la nube. Pero no puede ser importante decidir qué dispositivo usa un alumno. Es ridículo hacerle bajar al aula de informática a explicarle un cuadro de Velázquez cuando tiene el Museo del Prado en su iPad. Es ridículo presumir de tantas aulas de informática con ordenadores que calzan Windows XP y luego prohibir el uso del móvil en la escuela. ¿Estamos los profesores preparados para enseñar con un “libro de texto” que no controlamos? ¿Por qué presumimos, como la LOMCE, de hacer especial incidencia en la transformación del sistema educativo con las TIC y al mismo tiempo ponemos bajo sospecha a quien soluciona un problema de física con su móvil en clase? Hoy día, si un alumno lee un libro, sea cual sea, hay quien tira cohetes celebrándolo. Y habrá quien no le deje porque se lo tiene descargado en su tableta, -que está prohibido mira que se lo hemos dicho veces. Ojo, pero si es un ebook… no sé… habrá que preguntar si dejamos el ebook. PERO… ¿NADIE VA A VALORAR QUÉ LIBRO EXACTAMENTE SE HA LEÍDO EL NIÑO…? iphone6

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